Once
No seré el primero en hacerlo saber, tampoco el autor de su peculiar descubrimiento, pero he encontrado una explicación para los minutos que duran días enteros.
No entenderé ni la mitad de los elementos de la tabla periódica, pero logré unir dos cuerpos para formar una sola masa… al menos durante algunas horas en vela.
No dominaré ni tres métodos estadísticos básicos, pero con nula probabilidad en esta hipótesis se alargaron los segundos sin límite de prolongación; uno y otro… y otro.
No habré pisado más de cuatro continentes hasta ahora, pero en un cuarto vi volar a todas las mariposas que una persona es capaz de emanar en un lapso nocturno.
No tendré ni un quinto del conocimiento específico que posee un científico auténtico, pero puedo convertir una semana en un año sin tener que colocar relojes en la termosfera.
No conoceré la verdad sobre la fecha seis en el calendario, pero comprendí a la perfección que la relatividad se adueña poco a poco, sin avisar, del instante que compartimos.
No despejaré nunca las fórmulas de este universo si descanso cada séptima mañana, pero entre los amaneceres del último mes junté los lustros que aun no llegan aquí.
No terminaré de separar los octágonos encontrando todas sus diagonales, pero he trazado una línea de tiempo que no entiende de sol ni de luna pues en ella las noches no acaban.
No sabré qué tanto peligro hay en un noventa y nueve por ciento de riesgo, pero jornada tras jornada decido bajar sin la indumentaria correcta, hace rato dejó de importar.
No comprenderé aún cómo uno conserva algo intangible tras una década, pero de tanto soñar olvidé lo mucho que detestaba la alineación vertical de las manecillas al alborear.
No hallaré una explicación lógica al fenómeno natural que nos acompaña, pero once de cada diez veces escogería un momento en silencio frente a esas manos, pequeñas manos.

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