El sexto taxi

El alma no sabe de las misiones secretas que uno planea por si acaso. Nada se detiene a observar las líneas trazadas en el pavimento quebrado. Viviendo tras la pared gris de bloques rotos, donde los cactus crecen a los costados sin leyes, sin palabras, sin mirarse. El poste de luz que alcanza a deslumbrar el final del callejón, junto a la humedad escondida bajo el metal. Los relojes que cambiaron de muñeca en muñeca ya no se presentan como solían hacerlo, pues la corbata ya no combina con el brillo de quien lo portaba. En el hielo, en el fuego, en el gas, en la tierra. Como un paseo de favor en la parte trasera de un taxi, anhelando sea destinado al lugar más inhóspito de la colonia... como en aquella esquina, como en aquella fábrica, como en aquel charco de lodo. Juntaron sus intenciones para que tuvieran efecto inmediato, sin embargo, la edad giró esta vez y cambió de pregunta al instante. Reflexionó, pero en camino de regreso. Caminó, pero analizando los pasos lentamente. Juramento inválido, pensó. Tonterías, suspiró.



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