Polynización
Mientras caen las hojas y tú floreces en el valle de los destellos, las abejas te visitan a diario con intenciones de polinizar. Reconocen la dulzura de un néctar al mirar tu cabello porque el brote de tus pétalos tiene propiedades celestiales. La confianza de tu tallo para cargar con el peso de vástagos, espinas y frutos es impresionante... sin importar cuántas tormentas, sequías y tornados hayan atravesado intensamente.
Mientras tus raíces siguen el camino hacia su propia conservación, un alma busca ser polinizada. Siguiendo el lapso del sol, respetando el proceso de floración que hay en cada ciclo; para salir del subsuelo, no es tarde ni temprano... el polen lleva su ritmo. Por el cáliz que sostiene tu cuerpo y rodea tu esencia; por la tierra revuelta entre la mierda y las piedras, el abono de un nuevo comienzo que coloree de verde tus iris de vuelta.
Mientras cambia la temporada y se abren los estigmas de la sensibilidad, hay que apreciar sin interrumpir lo natural de una transformación: eso es asunto de la flor y de Dios, quien permite la magia de la polinización. O si quieres llamémosle energía superior, e igualmente es lo que empuja esa planta al exterior. Con mariposas a tu alrededor, esperando ambas la evolución, los rayos de luz tocarán tu figura de lejos... por amor.

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