20/02/1920

20 de febrero de 1920

Tal vez me queden pocos días en este plano. Por eso, te escribo esta carta. Es curioso, pero a cierta edad uno ya puede percibirlo. El fin se acerca... y me da miedo. Si pudieras sentir lo que yo desde esta silla de madera, sabrías por qué aún recojo flores para dejarlas en tu lado de la cama... aunque sufra al agacharme por ellas. Tengo miedo de no encontrarte en la siguiente vida, de tenerte tan cerca y no poder tocarte o de extrañarte tan lejos y no poder observarte. Hoy le tememos a lo que viene y no a la muerte... como lo platicamos.

Qué si reencarnamos en animales distintos y no podemos reencontrarnos. Qué si hablamos idiomas diferentes y nunca llegamos a entendernos. No le perdonaría al universo que nos separara por su capricho de volvernos a buscar. Me da miedo envejecer con alguien más, no quiero saber del amor si no se trata de ti, si tus pequeñas manos no son las que adornan el paisaje de mis mañanas al compartir una taza. No, viejita, me niego a acariciar otra espalda, me rehúso a nacer con el mismo corazón si no vives tú en él.

Qué desagradable sería no formar constelaciones, usando tus cicatrices como estelas y tus lunares como uniones. ¿Con quién cosecharía el campo de mis ilusiones? Tengo miedo de despertar y no ser tu amante, ¿recuerdas el siglo anterior? Cada vida en la que no estás es eterna, deseando se acabe para admirarte en libertad, para seguir la naturaleza de amar. No sería la primera vez que espero otros cien años para cruzarme en tu camino. Aún así, tengo miedo de que las circunstancias nos alejen y batallemos al acercarnos.

Quizás sean solo unas semanas más sobre la Tierra, por esta ocasión. Y no sé si lo has notado, pero últimamente he contemplado más las arrugas bajo tus ojos, es hermoso que las de esta época resalten tu sonrisa. Ay, viejita, si pudiera tomarte del brazo para siempre, me echaría a dormir contigo en esta misma habitación. Tengo miedo de no volver a amarte. Tengo miedo de no dar con tu voz después de morir, de no escucharte en cada ángel de paso. Pero sobre todo, tengo miedo de una vida sin ti; de existir... y no coincidir.





Comentarios