Mi tesoro favorito
Acompáñame a decir un "te quiero", de esos que no piden nada, de los que solo buscan hacerse saber; atravesando ciudades para cumplir su función, de los no requieren sello con fecha de emisión ni caducidad. Sentémonos lejos y no hablemos, giremos de lado y no nos veamos, cerremos los labios y no nos besemos, caminemos en sentido contrario, que todo eso para mí es indiferente.
Sígueme por instinto y el hilo encontrarás, solo estira la mano y déjate llevar. ¿Qué edad tenías cuando te diste cuenta que los calendarios son inútiles e innecesarios? Que hay sentimientos con nombre y apellido, imponiendo su reiteración de no servir para describir otra situación. Que el amor no sabe de propiedad al vivir ni de rentar para dormir, que este amor es parte de mí, a diferencia de los demonios forasteros que solían allanar la morada de mi interior. Por más fortuna que castigo, la lectura de esta puntuación es interminable.
Abrázame sin tocarme, porque así es como se siente mirarte, así es como se siente escucharte... así se siente quererte. La comprensión pasó a otro plano, para darle comienzo al viaje etéreo, abandonando las restricciones mundanales. Y ahí, sonrojado, sin que nadie mire, soltaría los mismos versos que aquí recito; en una noche de febrero, en el solsticio de primavera, en el día en que nos conocimos, en el primer segundo de nuestro año, en un día lluvioso de abril. Por lo menos, ahora sé que esto sí me pertenece.

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