A.P. / D.P.

Antes de ti, creí haberme enamorado un par de veces. Tres, para ser exacto. Y no pude estar más equivocado. Creí haber llegado a los confines del amor romántico, pensando que ya no había sensaciones nuevas por descubrir. En aquel entonces, confundía el cariño con apego y el afecto con camelos. Claro que eran emociones reales, jodidamente reales... y yo creía haberme entregado por completo, desconociendo que la inmensidad del tiempo no sabe de nombramientos. 

Antes de ti, creí haber vivido lo suficiente para escribir una antología del romance. Estuve por casarme y todo terminó, estuve por soñar con una nueva morada y todo se esfumó. Pensé que así era la vida, que debía de conformarme con lo que hay y no con lo que soy. Solía anhelar la inmediatez, que todo sucediera como el ego desea. Creí que conocía el amor por haber tenido compañía, que los latidos llegaban a cierto nivel y ya no podían ir más allá... como si fuese algo extraño.

Antes de ti, quise hasta morir, quise hasta aletear... amé hasta quemar; pero no amé por amar, no amé sin nada a cambio esperar. Creí saber qué significaba la enardecida emoción que llegaba al hablar del destino y lloraba de felicidad al tratar de entenderlo, ciegamente. Creí que debía darle más al otro que a mí mismo, que la vida era desmoronarse ante la presencia de la querencia... y vaya que estaba confundido. Lastimé y permití que me lastimaran por el mismo hecho, por mi falta de consciencia.

Después de ti, sé que lo que es para mí... siempre está ahí. Ahora, creo en el amor genuino, en el amor silencioso, en ese que se baña de paciencia a diario. Moribundo, con el llanto sobre mis palabras, tuve que deshacerme de todo lo que no me pertenecía y sentir el alma en serio. Me arrepentí del daño que me provoqué en el pasado, el cual derivó en heridas ajenas y, aunque no sirva de mucho, externé el grito del corazón. Nada volverá a ser igual en este relato canónico.

Después de ti, brotaron nuevos colores, el sol intensificó su luz y las venas de mi cuerpo hicieron espacio entre sus vías. Ahora, solo quiero quererte; en donde quiera que estés, con quien sea que estés, a cualquier hora, todos los días... interminablemente. Ya no respiro a merced de la serenidad sino por la vasta esperanza que me incita el amor... porque es inútil explicarle el cielo a un incrédulo, imposible que un falto de fe sea capaz de entenderlo. 

Después de ti, aprendí que no hay prisa para quien ama con sinceridad, que en la distancia solo se acumulan las ganas de volver a verte. Después de ti, solo he sembrado amor; lo he regado y cuidado bajo la luna llena. Sé que tarde o temprano, tocará cosecharlo. Contigo o sin ti, tocará disfrutar la siega que tanto se trabajó con prudencia. Porque ahora sé que somos lo que damos. Por eso, después de ti, soy puro sentimiento.



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