Escritura volcánica
Quiero escribir libre, pero en libertad total. Quiero escribir libre, que desciendan todas las almas que tengan que bajar de una vez y las pantallas rompan en trozos los cristales de un intercambio ensordecedor. Quiero escribir lo que vi ese día en la montaña, quiero irme en una nube roja y estirar los dedos meñiques de los pies hasta sentir la galaxia en mis lunares. Quiero escribir acerca de esa piel humana, de ese pedazo de carne. Quiero que sea sin pronósticos, para que el temor no se entrometa ni se quiera largar a habitar otra colmena, ¿verdad que no? Quiero escribir sin parar, que el aliento de mis pálpitos se convierta en el suspiro de la noche, con la cámara encendida por si algo llega a pasar, pero que se transforme en lodo, en polvo, en tierra, en mugre, en espinas... en sensaciones desagradables pero reveladoras. Quiero escribir por escribir, solo por querer plasmar una emoción aquí, donde vive mi esperanza, donde reside la fe de un soñador eterno. Quiero escribir de cabeza, de abajo hacia arriba, solo para sentir la experiencia de un final feliz sin que sea necesariamente el desenlace, porque las curvas siempre terminan impulsándote, acaban de brindar ese impulso, ¿verdad que sí? Quiero escribir para arreglar lo que está roto, quiero escribir para sanar lo que está enfermo, quiero escribir para amar lo que está en soledad, quiero escribir para sacar lo que está escondido, quiero escribir para narrar lo que los otros órganos no pueden contar, quiero escribir por placer propio y gusto personal, quiero escribir para darle memoria a un sentimiento, quiero escribir para atravesar la barrera de las energías, quiero escribir para no volver a mirar con los ojos, quiero escribir para nunca más dejar pasar la oportunidad.

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