Platicar callados
¿Qué harías si no tuvieras miedo? Quizás te atreverías a soltar la armadura y navegar inerme en el lago de nuestros mayores espantos. Te pararías frente a esa persona con el único propósito de expresar una emoción y no tener que encadenarla, enjaularla ni enterrarla. Esquivarías lo inservible sin hacer uso del aislamiento emocional, social y espiritual, bailando entre las flechas desatinadas.
¿Qué harías si no sintieras temor? Tal vez tendrías la osadía de encarar el amor sin la burocracia de los extensos procesos racionales. Cabalgarías hoy en la pradera de la casualidad sin el exceso del ayer ni el abuso del mañana, sabiendo que tu corcel ya conoce la vereda. Viajarías a la guerra de la eventualidad sin el escudo en tu espalda, enterándote que la protección ya ha evolucionado.
¿Qué harías si desapareciera el pánico? Dejarías de hablar en metáforas y anáforas para decirlo así, directo y al punto: Te quiero. Te extraño. Validémonos. Abandonarías todos los pretextos para realmente escribir la verdad: Te amo. Admiro. Arriesguémonos. Te quedarías únicamente con lo que importa para quitar los requisitos y ahí quedarnos: de noche, sentados, y juntos platicar callados.

Comentarios
Publicar un comentario