Inherente a ti
Anoche soñé contigo. Estabas tan hermosa como aquella última noche en que te vi, cuando la primavera nos abrazaba con sus ramas. Y qué crees... ahí tampoco me atreví a hacerlo, tampoco tuve el valor de decirlo. Cómo quisiera correr hasta ti, fundirme en tu pecho, que tu respiración me diera aliento y bajo tu nariz, olvidar que las montañas se queman allá a lo lejos. Sé que no debo, pero no puedo; va en contra de mis principios omitir al corazón. Ya intenté de todo y no existe algo más... porque ya es algo más. La promesa en mi interior late con la fuerza de un mar en tempestad, quema con la intensidad del fuego en el infierno, crece todos los días, cual población mundial. Inherente a ti, adherido a un beso por venir. El origen de un cuento bilateral, donde la nostalgia solo sirve como prefacio para la trama: la que estalla en mis nudillos al alzarlos contra la brisa.
Anoche soñé contigo de nuevo. Caminando hacia la nada, entrecruzados en una cama mojada. ¿Qué nos impide escaparnos a Italia? Podríamos iniciar de cero, ser personas inéditas y volvernos a conocer una y otra y otra vez. Porque quiero acariciar tus manchas antiguas, susurrarle al pasado de tus heridas y enseñarte las mías. Cómo quisiera tomarte del codo, rozar nuestras cinturas, levantar tu mentón y extraviarme por completo a milímetros de ti. El trabajo detrás se construye con la pala de la valentía, aunque los derrumbes quieran hacernos creer lo contrario. Salvemos a las luciérnagas con la luz del amor, hagamos que vuelvan a brillar con la chispa de nuestras retinas y soltémoslas en el universo de un nuevo comienzo. Podemos cambiar el conducto de agua que lleva años disperso. Inherente a ti, decidido a seguir. Mis manos escriben por sí solas tu nombre con la tinta de la perennidad... timbrando mi autenticidad.
Anoche soñé contigo una vez más. Se esclareció la cuestión que me lleva hasta tus muñecas de rodillas, vertiendo gotas de veneración, guardándolas en cada estación. Cómo quisiera que la distancia no me separara de lo que más consagro. Porque hay pocas cosas que valen la pena, el deleite y la vida. No tengo que mencionarlas; tú sabes que eres una de ellas. Pasan los años y tú te quedas, pasan las horas y yo te extraño, caen los árboles... y yo te amo. Porque ni crear una familia entera sería capaz de hacerme olvidarlo, ningún otro ser podrá causar lo que tú en mí... no ahorita ni en siete décadas, no aquí ni en ningún otro sitio. Es así de sencillo. Inherente a ti, unido a mi seguridad. Porque no lo necesito, sin embargo, me remito a considerarlo esencial. Ojalá mañana esté ahí; cómo quisiera ir hasta ti.

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