Sabrá Dios
Cuando te lo digo, no sé si me entiendas. El sol que brota cada amanecer en el horizonte y su afectuosa luz que alimenta a diario la flora de los valles. El instante cuando se logra apreciar el aleteo de un ave migrante, la cual sabe perfectamente a dónde va gracias a un vuelo guiado por su propia naturaleza. El convencimiento del artista que cree con fervor haber visto algo que solamente su alma percibe... porque ningunos ojos son capaces de identificarle.
Como un ángel de la guarda, sabrá Dios cómo es factible que aún siga ahí. La tradición que sobrepasa los límites del entendimiento, la cultura que permanece en su sitio sin importar el día ni la hora. El cielo para los creyentes, la libertad para los dudosos... justo en su esperanza. Se necesita encontrar; para el pulso acelerado que genera una nota musical prolongada, la pausa en el segundo adecuado, las palabras intrépidas que dotan de sentido a la existencia.
Porque por más increíble que suene, es imposible detener los latidos así nada más. Simplemente, no se puede. Solo existe una manera, que todos conocemos, pero nadie desea. Pareciera algo obviamente lógico, pero necesitamos ese palpitar para vivir; para existir, como leí en tinta alguna vez, en un mundo que prioriza las cosas materiales sobre todas las demás, especialmente sobre las del corazón. En este contexto, voltearnos a ver es casi un acto radical... importante y necesario.

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