Vino sin copas

Brindo por la vida, brindo por la capacidad de detenernos a contemplar la belleza de las plantas y poder dedicarles unos cuantos versos; salud por lo natural. Brindo por el despojo de la necedad y aprender a no tomarse nada personal, vaya que es duro que el mundo no gire alrededor de uno ¿cierto? Brindo por el cuidado individual de la armonía y el despliegue consecuente de las confesiones involuntarias, ciertamente, se ha demostrado que eso es asunto de cada uno. Nadie es responsable de la carga del prójimo, no estamos en una parábola de los tiempos de Cristo; esto es la vida real. Brindo por la sangre que uno está dispuesto a dar ante cualquier situación, la misma que es negada a falta de una petición inicial, pues en la mayor parte de las ocasiones se actúa por impulso y no por sensatez.

Brindo por la copa de vino que nunca hubo, por los diminutos detalles que se clavan para la eternidad en la memoria y nos dejan con una resaca peor que la de un Merlot; salud por las noches de ebriedad que mutan a lo inalcanzable. Brindo por la templanza en grandes proporciones, que inunde los campos de la inquietud sin dejar un solo surco vacío; hay cosas que no podemos evitar, pero sí elegimos cómo batallar. Alejarse en retirada y dejar a los soldados en pleno enfrentamiento no va con las reglas modernas, sin embargo, lo hacemos sin dudarlo. Brindo por los sueños que no se esfuman, por las emociones que no se van, por las ganas que no se cansan, por la música que siempre está, por el pálpito que hace ansiar, por las preguntas que no se responderán y por aquello que no se puede ver pero sí palpar.


Comentarios