Pronto

Sinceramente, ya no sé qué hacer. No quiero escribir poesía hoy ni tomar el rumbo de la métrica para tratar de dividir esquemáticamente lo que quiero decir y no puedo; lo que ni siquiera sé reconocer. Porque no entiendo qué más puedo pensar para encontrarte justo donde se debe. Igual y sí pasarán los otros cuatro años que una vez dijiste. Por ahí volteo a ver en cada aeropuerto, en cada rincón del edificio para distinguir tu presencia. ¿Estás cerca? Me queda claro que no debo interrumpir. No debo interferir. Pero quiero sentir, quiero vivir. A mí no me importan las décadas de vidas pasadas, tampoco el porvenir de un nuevo camino. Suelo pensar que llegará el momento en que no estés tan lejos, cuando las líneas del tiempo nos choquen de frente con fuerza, hasta fusionar nuestros cuerpos en una sola emoción. Como en aquel antiguo poema que comienza a tomar consciencia propia, que empieza a tener relevancia en los estándares del sitio en donde estás. Puedo sentirlo. Juro que puedo sentirlo. Como si pudieras escucharme y yo saber que lo hiciste. O cómo explicar el ritmo atípico de mis latidos cuando miro tu estela... dime cómo le hago. A veces pienso en escribirte mil cartas, pero Dios me detiene. A veces quisiera llamarte, pero los ángeles lo evitan. A veces quisiera ir a tocar tu puerta, pero los demonios me interceptan. Ojalá no falte tanto. Ojalá un día sí quieras. Ojalá nos veamos pronto.



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