Cuando la gota se haga mar
Hay algo que he estado pensando. ¿Cómo obligar a un árbol a crecer de inmediato? Por más que me siente con él y trate de convencerle, mis necias palabras no podrán presionarle.
Llevo días cuestionándolo. ¿Es posible subir el volcán con un solo paso, acortándolo? La terquedad asienta con la cabeza, mientras que la paciencia niega tal torpeza.
Esta es mi reflexión contenida. ¿Por qué apurar algo que quiero para toda la vida? Si es, será; escalando la cumbre, se sabrá. Me convertiré en piedra, seré suave, crearé mi realidad.
El eco de la emergencia no suena esta vez porque no hay prisa cuando se ama con sensatez. Por eso, te leo estos versos en la lobreguez y puedo ver estrellas que aún van a aparecer.
Lo único urgente es esta declaración, el hacerle saber al sol de su propio calor, una sensación en peligro de extinción; transmitirte cada anochecer mi ausencia de pavor.
Hoy, mañana y cuando la gota se haga mar, estaré flotando en este mismo lugar, sintiéndote, pensándote, soñándote sin pernoctar. Inmerso en tu mirar por el resto de la eternidad.

Comentarios
Publicar un comentario