Verte libremente
Una vez me dijiste que no me quedara callado, así que escribiré sin destinatario para no tener que volver al pasado. Te amo... y me lo había guardado; sin pena, sin miedo, sin temor ni hartazgo. Solo te amo. Sin esperar nada a cambio. Quiero saber más, quiero conocerte más. No me asusta sentir sino que el tiempo sea insuficiente para permitirme explorar mis emociones hacia ti: cada que nazcas, cada que te renueves, cada día al salir. Que me fascina que no necesitas a nadie, ni siquiera a mí.
No guardaré la carta otra vez; ya no. Porque ya no hay nada que me detenga. No volveré a reservar un acto de ternura por temerle a la censura. Aquí las cosas se dicen tal cual y no traduciré erróneamente lo más delicado, puro y sensible que he presenciado; porque al decirlo, se abre la jaula, vuelan las semillas y el periódico se desgarra. El canto no se hizo para ocultarse.
Al mundo yo vine a encontrarme contigo, a amar correctamente y a verte libremente, volando en el cielo de tus propios sueños, por las calles que tú quieras, independientemente. Con tu cabeza en mi hombro, pudiera anexarme a la inmortalidad porque ahí no hay inicio ni final. La residencia no será igual, la numeración cambiará y el callejón se alumbrará. Trazarás tu camino, alcanzarás tu destino y me encantaría estar ahí contigo. Porque si hay algo que me derrite es tu confianza de alcanzar objetivos. Pequeños o grandes, el mismo motivo.

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