Te escuché
Te escuché y la luna oscureció por respeto al brillo de tu voz. Dulce armonía, relajante como siempre; calmante de larga duración, como antes.
Te escuché y mi corazón complacido te reconoció al instante. En un verano joven e inocente; al final de un invierno inesperado.
Te escuché y tus labios se movieron en esa fotografía antigua. Donde las noches solían compartirse; cuando al amanecer se oían maullidos.
Te escuché y recordé el porqué de la horrible abstinencia. Igual que un veneno indulgente; igual que volver a encontrarte.
Te escuché y quería más de esa melodía ardiente. Para por fin abrir los ojos; para ya abandonar las nubes.
Te escuché y así fue.
Necesariamente.
Paulatinamente.

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