Alunizaje

Hola, soy yo de nuevo. ¿Me recuerdas? Hace ya varias, por no decir incontables, noches que no traía mi cuerpo hasta este preciso lugar. Lo recordaba distinto, antes era menos oscuro y mucho más cálido. En fin, sé que tu espacio en el espacio no concuerda con el mío, pero no usaré eso como excusa por no haber venido antes. Siempre estuviste ahí arriba, flotando a mi alcance. Por cierto, los años pasan y tú sigues igual de hermosa.

Aún conservo aquellas hojas de papel con los textos más precarios que se han procesado. Una tímida luz que se asomaba por una de las ventanas de mi habitación acariciaba mis manos y acompañaba los movimientos de mis dedos. La despreocupación de un futuro incierto ante la inminente llegada de otra década junto a la idea de la eternidad con fecha de caducidad, como si hubiera sido ayer; como si se tratara de una memoria tan arraigada que duele sacarla, que arde de solo mirarle un instante.

¿Dónde quedaron los secretos? Ya no son tan misteriosos como parecían, ¿cierto? En un mundo caótico, logré encontrar inmunidad ante tu presencia. En un presente con dudas inmensas, logré responderlas con tu cercanía. Y es por eso que me acerco, que subo y salto, tratando de llegar a la mística que te rodea. Sin decir una sola palabra demuestras tu incondicionalidad, sin temor, al salir de día; vaya que no te importaba que notaran tus ganas de quedarte. Bien se dijo en el sur del continente: lo más genuino.

Y que la ansiada plenitud alcance la cúspide interior, como solías susurrarme. Pero, ¿qué hacer con lo que no está bajo mi control? ¿Acaso soy capaz de moverme en contra del destino? Si es que existe alguno. Naturalmente, volveré a escuchar lo que necesito escuchar. Precisamente, por eso, vine. Porque eres el único ser que atraviesa múltiples fases, todas y cada una de ellas en adhesión a las palabras inapelables que salen de esta emoción, de esta pasión llamada sentir… y vivir.

Debería pasar por aquí más seguido, definitivamente.



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