Equilibrio de vainilla y almendras
Sencillo; como cuando lo elemental se reduce a lo mínimo y las nubes vuelven a su lugar correspondiente. Una demostración personal de calidad sobre cantidad en detalles. Y es que no hay manera de perderse en una receta de dos ingredientes donde ambos existen por naturaleza propia, donde habiendo infinidad de métodos de preparación se escoge dicha combinación. Es algo clásico, entre lo mágico y lo básico; eso que funciona por sí solo sin instrucciones ni indicaciones. Los meses pasan y la facilidad de complacencia sigue teniendo presencia aquí desde hace años porque la belleza de lo simple es justo lo difícil de admirar.
En todo lugar y a toda hora; como cuando las ganas de ti son idénticas a medianoche y al amanecer. Un antojo que no cesa sin importar el tamaño en el que se obtenga. Porque no hay propuesta como tal que vaya a rechazar si se trata de ello, si se trata de juntar ambas partes una después de otra, siempre de acuerdo en el orden de los factores. Es algo galáctico, entre lo rápido y lo práctico; eso que brilla por llevar un apellido espacial en todos los idiomas. Las cajas pasan y la felicidad que conlleva cada una de ellas sigue intacta si cuando estás aquí el deleite es presentado en pequeños recipientes de porcelana.
Compartido; como encontrar, por fin, la versión más grande sobre el estante y coincidir en la elección sin dudar. Un solo gusto que cautiva desde la primera prueba... desde la primera vez. Porque sin un poco de dulzura se cierran miles de puertas experimentales, cientos de sensaciones que las emociones merecen saborear por su propia cuenta. Es algo irresistible; entre lo preferible y lo increíble, eso que gusta y no cansa gracias a su perfecto equilibrio. Las ocasiones se repiten y vuelvo al mismo sitio al que busco llegar, donde dos componentes hacen la fórmula menos complicada de la historia, la bella confiable.

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