0.1 km/h

De ser el caso y deseara pequeñas cantidades de cierta persona, digamos que de usted, sería menester llevar a cabo un solo plan. Fusionar la espera con la paciencia y transitar; hacer de este lento movimiento que aparece al despertar mi velocidad constante y romper el velocímetro hacia la izquierda. Ir desmenuzando uno a uno los recuerdos, tanto buenos como malos, para quedarse únicamente con lo valioso, con lo útil para el desarrollo natural. Que se vayan los momentos milimétricos y desaparezca toda la señalética vial entre nuestras veredas. La prisa para la emergencia, la calma para la existencia; ¡muerte a la impaciencia!

La delicadeza de ralentizar se volvió mi arte, es lo que tengo para darle: un paso desacelerado.

De ser el caso y anhelara porciones diminutas de un ser en específico, digamos que de usted, correspondería primero pensar. Imitar la serenidad de aquellos reptiles con caparazón y, así, observar; mirar con detalle las líneas negras paralelas que salen de la carretera accidentalmente y levantar la mirada hacia el cielo. Ir desglosando cada una de las memorias, de ayer y de antier, para conservar la importancia de cada situación, lo que vale la pena recordar. Que se vayan las estrellas fugaces de la noche y desaparezcan los asteroides que viajan más rápido que la luz. La celeridad para la urgencia, la tranquilidad para la coincidencia; ¡muerte a la vigencia!

La delicadeza de moderar se volvió mi arte, es lo que tengo para darle: un espacio desacelerado.

Si se diera la ocasión y los susurros entrañables hicieran su aparición cercana teniendo una visión distorsionada de su rostro, si pudiera dibujar galaxias enteras junto a sus finos vellos para suavizar la piel, tendría conmigo a la más grande inspiración y a la obra majestuosa que resulta como su consecuencia.

La delicadeza de templar se volvió mi arte, es lo que tengo para darle: un cariño desacelerado.




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