El hábito de la improvisación
Las cosas más bellas en esta vida son aquellas que aparecen sin buscarlas, las que no se piden y la naturaleza otorga. ¿Quiénes somos para ponerle una correa al viento o intentar enjaular al mar? Se habla de ser real, pues lo que circula por sí solo es lo más auténtico que existe. Al irle agregando capas de futuro y agujeros de pasado solamente se perjudica la trayectoria, se alenta el proceso y en muchas ocasiones hasta se pierde el rumbo. Un soplo de aire anda por su cuenta; con origen, sí, pero con un destino mucho más autónomo. Nunca deja de ser ahora porque siempre es hoy. Qué bello es fluir.
Las cosas más hermosas en esta vida son aquellas que no modificamos, las que son perfectas así tal cuales. ¿Cuándo se nos dio permiso de ignorar la jerarquía y jugar a ser los dioses del tiempo? Se deja correr la tinta, que la mano se mueva por su propia voluntad creadora. Por más larga que sea la canción, no se pausa ni se adelanta; no se altera la progresión con la que fue inventada ni se modifica el propósito por gustos personales. Como esa ligera risa que se escapa el instante más inoportuno, como la sonrisa que provoca un reencuentro. Con algo de esa índole todo sucede aquí y ahora. Qué hermoso es fluir.
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