Venas y arterias
Por favor, deja afuera tus zapatos. Hay que entrar despacio… con mucha calma; la prisa se queda afuera y por si hiciera falta decirlo, los relojes también. La ropa es opcional, pero como gustes. De igual manera, necesitas desprenderte del recuerdo, sacar esa raíz venenosa y botar los órganos que no sirvan para realizar nuestra función aquí.
¡A ver! Esas heridas no pasan; se ven muy recientes pero, bueno, viéndolas bien… parecen estar casi cicatrizando. Está bien, pueden pasar. Te recuerdo que están prohibidas las espinas, espadas, navajas y cuchillos, en sí, cualquier objeto punzocortante, así como las pistolas, rifles, granadas o escopetas.
Te informo que ya dejamos de aceptar todo eso de la melancolía, ansiedad o desesperación porque solo nos trajo problema tras problema, era como un carrusel sin diversión. Pero justo hoy estamos permitiendo la entrada de la correspondencia, ¡solo hoy! Si pudieras hacernos el favor de dejar lo caducado en tu vehículo nos harías muy felices, también tenemos casilleros, en caso de querer guardarlo, o contenedores de basura para depositarlo. Es necesario que lo hagas porque hasta acá pude notarlo, y si se nota aquí allá va a ser peor.
Nada de ira, rabia, mentiras o amargura, conoces las reglas; nada banal, terrenal ni material. Todo eso que te hizo llorar, sufrir y gritar… se queda afuera también. No olvides la envidia, los celos, el odio y los prejuicios. ¡Ah, lo olvidaba! No se permite dudar, mucho menos temer. Mira, en aquella canasta puedes depositarlo todo, tenemos candados para que los miedos no huyan. Hay una canasta más grande allá atrás si necesitas otra con mayor capacidad.
Habiendo dicho esto, estás al tanto de la información mínima requerida para acceder. Se te asignará un nuevo nombre al llegar. Entras bajo tu propio riesgo y deseo, eh.
Ahora sí. Adelante.
¡Te damos la bienvenida!
Saludos capilares.

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