El jaguar

Las gotas caían bajo la selva en la montaña más alta de la zona, donde el jaguar contemplaba la lluvia desde su tronco mojado. Resoplaba entre sus colmillos un suspiro de muerte, pero esta vez no de una presa necesariamente; no de sangre ajena esta vez. Se lamía sus garras, recordando que solo hace unas noches aún estaba con la manada, aún estaba con sus crías... y aún estaba con la pequeña. Las piedras húmedas emulaban cascadas diminutas y el jaguar lo observaba con atención. Si su olfato no le fallaba, todavía estaba cerca de ellas.

Buscando protección, se perdió de todo lo que quería cuidar. Anhelando una ruta sin rasguños, se olvidó de todo lo que era capaz. El único jaguar que no quería dar el primer zarpazo, que se rehusaba a tomar riesgos desde la vez cuando casi se lastima... casi. Su instinto asesino le acechaba en cada paso que daba, en cada tramo que seguía, pero no por saciar su hambre; esta vez, quería llenar algo más. El jaguar se alejaba más y más de la manada... y de la pequeña. No había vuelta atrás. Tal vez, no estaba hecho para la vida en conjunto. Tal vez le toca cavar su propia cueva.



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