Nimbosis

¿Cómo fue que terminé hablando con la brisa en primavera? Presentándome ante su delicada asistencia sin ningún tipo de sorpresa, insistiendo hasta su última gota para alargar su presencia. Dímelo, con esa mirada igual de frágil que líquida; repítelo, tras una espera volátil en la ventana... lo estoy esperando; lo sigo anhelando para tener el agua entre mis dedos y acariciar aquella textura intangible. Ese palpamiento, ese recuerdo, ese preciso segundo. ¿Por qué no regresó a las nubes? No lo sé.

¿Cómo fue que acabé sincerándome con el viento nocturno? Alegando su velocidad inconstante, intercambiando palabras con el aire noctámbulo para extender los preámbulos. Acláramelo, como si ignorásemos estas auroras; explícamelo, bajo el reflejo de la luna detrás... lo estoy imaginando; lo sigo soñando para sentir la corriente recorrer mi piel y finalizar esta conversación que nunca inició. Esa noción, ese diálogo, esa respuesta exacta. ¿Por qué rechazó volver a las nubes? No sabré.




Comentarios