Demencia romana
Vamos, ¿qué harás? Acompáñame a Roma otra vez.
¿Renacerías? Todavía quedan ocho años, ¿no se ve?
Reina de lo impecable, diosa de los bellos detalles;
tu mandato acaba con el último de los súbditos.
Y es detestable, que le encuentre en todas las calles,
que no responda nada... que le vea en cada público.
Vamos, ¿qué dirás? En Roma de visita de nuevo.
Un planeta pequeño que simpatiza con mis sueños.
Candidata a liderar las estrellas fugaces del mundo,
representante actual de la magia existencial aquí;
en el estado de lo más irrefutable, de lo que infundo,
de lo que está igual... de lo que suelo en mí permitir.
Vamos, ¿que será? Una última vuelta por Roma.
¿Cómo era? ¿Una sin principio ni final? Cual coma.
Allá afuera, en otro continente, en el sitio más lejano;
se escribe poesía bajo el agua y sobre el fuego.
Mientras tanto, un demente delira un ser humano
y se imagina una década al parpadear sin sosiego.
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