Dos mil nueve
Nunca cre铆 que aquella piedra que arroj茅 hacia la noche bajar铆a un sue帽o hasta mis manos. ¿Es un capricho o un reproche? ¿En d贸nde estamos? Me perd铆 entre las estrellas que brillaban a una altura anormal hasta que not茅 que no eran esferoides luminosos sino un par de ojos... peligrosos ojos. Entonces, dej茅 de recordar; tom茅 un 煤ltimo suspiro y actu茅 bajo las condiciones tersas de mis p谩lpitos. Eso me llev贸 a explorar; me acerqu茅 sin un delirio y comenc茅 a ciegas un viaje trasatl谩ntico.
Dios m铆o, ¡qu茅 extraordinaria vista! El simple hecho de que eso exista hace que mi respiraci贸n disminuya ante la apreciaci贸n de lo que habitualmente soy turista. ¡Es imposible! Olvidar el paisaje no es posible. No necesit茅 de ninguna fotograf铆a, tampoco enviarlo por telegraf铆a. Una presencia que altera mi percepci贸n, al menos de lo que atrae a mi coraz贸n. Yo solo quer铆a que no terminase, que de una u otra manera para siempre durase. Anhelaba una prolongaci贸n, que no acabara la canci贸n.
Ojal谩 los veranos fueran eternos, sobre todo, ese. Todav铆a lo palpo cercano, como si eso quisiese. Desconoc铆a lo que significaba esa palabra y s茅 que no era el 煤nico. Una lejan铆a que acortar铆a distancias a帽os despu茅s... sin saber c贸mo o por qu茅. Yo ya me las arreglaba por mi cuenta como pod铆a, ¿y qu茅 hubiera sucedido? Que no hay fe sin un poco de fantas铆a. ¿Qui茅n lo dir铆a? Que sin mover los d铆as me har铆a recorrer lo que yo cre铆a que todos llamaban vida... qu茅 inocencia la m铆a.

Leerlo me llevo a sentir como si ya hubiera pasado por esto, junto con much铆sima imaginaci贸n. 馃憦馃徎馃憦馃徎馃憦馃徎
ResponderBorrar