El espíritu de la niña fantasma
Es imposible de ver, constante susurro entre la ausencia de luz. Hacia la izquierda brota la raíz de un cuerpo sin huesos, sangre ni pulso; el mismo que acompaña y rodea al entorno avisando que algo sucede. Y si algo pasa se debe tener cuidado.
Pero, ¿precaución de qué? Si ese mismo espectro derramó sus balas sobre la zona neutral del campo de guerra, el mismo que pidió permiso para poder pasar. ¿Acaso las manchas tienen un significado distinto si permanecen por horas adornando un bello rostro?
Si lo mejor de la semana es lo que no se planea, que la improvisación suba su marea; recordar un pequeño aroma: la tarea. Una poción mejor que el alcohol, pues se consigue y no marea.
No hay disculpas para las noches sin dormir, tampoco para las noches que duran menos que las mañanas, mucho menos para el tiempo que rebota en las cuatro paredes como fantasía insaciable.
El color rosa al contraste directo, a veces con frío, a veces con brillo en la frente. ¿Qué sentido le encuentro? ¡Ninguno! Pero ¿cuándo las manos pequeñas han necesitado una explicación? Si con una sola pregunta se derrumban los muros de la gravedad, dejando los restos de una cuestión que no necesitaba contestación.
¿Innecesariamente tenue? Sí, en voz baja se escucha mejor el mensaje; ese tono entre una risa y un suspiro. Todo estaba ahí.

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