La hoz
«La primera vez fue más fácil», pensaba con el viento en su rostro.
Antes lo hacía hasta sin lápiz, como si el final fuera a ser otro.
«Idiota sensación insólita», sonaba el eco reciclado de este mes.
Solo son palabras irónicas porque aquí ya no va a ser lo que es.
«¿Por qué ya nadie explota de amor?», cuestionaba en reserva.
Qué pena que se nos vaya el temor hasta que nadie lo observa.
«¡Mírame cuando te hablo!», escuchaba sin lugar de procedencia.
No existen vocablos para describir esta ingrata experiencia.
«Pásale, adelante», le respondió a la luz que cargaba una hoz.
Era muy importante y la plática se volvió cada vez más atroz.
«¿Me puedo quedar otro rato?», preguntaba con amplia curiosidad.
Aún no se firmaba el contrato y muy dentro existía la posibilidad.
«Ve cómo tiemblan mis manos», alegaba ante el negro resplandor.
Aún ni terminaba el verano y su muestra de pánico era mayor.
«El plan cambió, cariño», susurraba sin inmutarse un segundo.
Ya no eran niños y la decisión estaba ya en lo profundo.
Antes lo hacía hasta sin lápiz, como si el final fuera a ser otro.
«Idiota sensación insólita», sonaba el eco reciclado de este mes.
Solo son palabras irónicas porque aquí ya no va a ser lo que es.
«¿Por qué ya nadie explota de amor?», cuestionaba en reserva.
Qué pena que se nos vaya el temor hasta que nadie lo observa.
«¡Mírame cuando te hablo!», escuchaba sin lugar de procedencia.
No existen vocablos para describir esta ingrata experiencia.
«Pásale, adelante», le respondió a la luz que cargaba una hoz.
Era muy importante y la plática se volvió cada vez más atroz.
«¿Me puedo quedar otro rato?», preguntaba con amplia curiosidad.
Aún no se firmaba el contrato y muy dentro existía la posibilidad.
«Ve cómo tiemblan mis manos», alegaba ante el negro resplandor.
Aún ni terminaba el verano y su muestra de pánico era mayor.
«El plan cambió, cariño», susurraba sin inmutarse un segundo.
Ya no eran niños y la decisión estaba ya en lo profundo.

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