¡Muerte a la apatía!

Da igual si es agua salada o dulce, al ahogo le importa poco pues cumple su función invariablemente. Que si el sol decidió tomar un descanso laboral o los truenos se adueñaron del control de la climatología es de cero relevancia para el asesino en serie. La tez clara tiene un sabor estúpidamente idéntico al de la más oscura, opina el caníbal experimentado. Para una cobra real es lo mismo traspasar su veneno a una pequeña en desarrollo que a una mujer avariciosa, lo hace en defensa propia. El honorable padre de gemelos recién nacidos y el joven que hurta sin medida por entretenimiento son el mismo objetivo de guerra para un francotirador, para él es solo sangre. 

Una inyección letal funciona de la misma manera en hombres y mujeres, no hace distinción de sexo o identidad de género. La guillotina solía cortar cabezas tanto de ricos como de pobres, solteros o casados, castos o pecadores, el movimiento era justo como el anterior. El cáncer llega y ataca tanto a menores como a ancianos, entiende perfectamente que la putrefacción no tiene preferencias. El fuego arrasa con pueblos pequeños, bosques enteros y hasta gente con miedo, el calor infernal y la agonía del incendio nos llegan a todos igualmente. La visita de la túnica negra que carga una hoz puede tocar cualquier puerta del vecindario sin avisar, la numeración no le va ni le viene.

El suicidio contamina a las almas sin ninguna discriminación y se disfraza de cualquier semblante normalizado, ni siquiera le vemos. El hambre no aguarda ni por la monarquía ni por los indigentes, ambos morirán por la misma razón si se les priva el derecho a la comida. Una bala perdida va sin dedicatoria específica, repartirá suerte sin excluir a ningún peatón, llámese madre, niño, profesor, doctor, abogado o banquero. El desamor parte la estabilidad de quien sea; creo que éste es el peor de todos, ya que no respeta horarios, de hecho, entre más inusual, mejor; tampoco respeta escenarios, lugares o compañías ajenas, mucho menos las palabras… brota sin freno y mata sin piedad. 

El mundo se está muriendo y solamente hay insensibilidad. Estoy harto de la indiferencia. Me cansé de que ya nadie explote de amor y de que el corazón sea un órgano oprimido. ¿Cuándo vamos a hablar de emociones? ¿Cuándo vamos a hablar del cariño hacia las plantas, los lugares o los objetos? ¿Cuándo vamos a hablar de lo que carcome a uno por dentro? ¿Cuándo vamos a cerrar los ojos para escuchar lo que se dice? ¿Cuándo vamos a hablar de nuestros secretos sentimentales? ¿Cuándo vamos a olvidarnos del orgullo, los prejuicios y el ego? ¿Dónde está lo que más anhelamos como humanos? ¡A la mierda! ¡Que muera para siempre la apatía! y ¡¡que viva la empatía!!



Ilustración: 
Martin Klimas 

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