Dr. Lid (Cuenta regresiva a la muerte)

   ¿De qué sirve tener un prefijo de dos letras que impone autoridad sanitaria si no puedo hacer mi trabajo? Ese sonido monótono no deja de interrumpir la batalla campal dentro de mis pensamientos. Cada gota que cae imaginariamente crea una deformidad en mi frente. El resplandor blanco de la habitación me presiona a hacerlo y el sonido de los parlantes me recuerda mi deber. La tentación de recostarme en esa blanca llanura me carcome hasta el último de mis oscuros cabellos. 
    ¡Ese execrable chillido me mantiene adolorido! 
   Recorrí cada espacio disponible de este prisma rectangular blanco en busca de una guía, de algo que me encaminara hacia lo correcto. Nunca creí que una acción similar me costaría tanto. ¡¡HASTA UN INFANTE PODRÍA HACERLO BIEN!! Ni al cuestionar el afecto cortando una por una las hojas de una planta conseguí una respuesta concreta. 
     Ayuda; algo no anda bien.
  Miro por la ventana y lo único que consigo ver son paisajes de desesperación perfectamente enmarcados con madera. ¿Por qué tengo que hacerlo yo? ¿Quién dijo que yo era el indicado para llevar a cabo esta maniobra? Todo lo que puede temblar en el cuerpo lo hace en este instante. ¿No oyes mi voz? ¡¡No puedo con esta carga!! 
    No existen palabras. Desconozco la descripción verbal de la situación, no podría definirlo de ninguna manera. Sobrepasa los límites de la ética, de la misma moral y la conducta humana… más allá de la deontología. Sigo dando vueltas en el mismo sitio, como un tornado benévolo; aquel que teme destruir, que avanza en contra de su voluntad. 
   Se me acabaron los suspiros, me falta el aire. Mis ojos se irritaron, no sé si por el cansancio de esta detestable vista interior o por las lágrimas. Si tuviera un corazón estaría estallando en mil pedazos, pero ante la carencia de tal órgano no encuentro cómo finalizar mi labor. 
    Entre la vida y la muerte, aquí o allá. Entre el sufrimiento y las complacencias, el ser y el deber ser. Entre tú y yo, sea como fuere. 
  ¿Te parece si cuento regresivamente desde diez? ¿Crees que así regrese el aliento en mi respiración? Diez; es más complicado de lo que parece ser. Nueve; ve cómo sudan mis palmas. Ocho; chocan mis intenciones entre ellas. Siete; te veo despertar, te veo reposar. Seis; hiciste lo necesario para tenerme aquí. Cinco; ¡¡¿Cómo esperas que lo haga?!! Cuatro; trozos, mi conmoción está hecha trozos. Tres; ¿es esto un ambiente de hiel? Dos; os pido disculpas por lo que haré. Uno; no quiero… ¡no quiero hacerlo! ¡Por Dios, no quiero hacerlo! ¡NO! ¡POR FAVOR, NO! ¡No quiero desconectarte...! 
   Todo acabó en un pitido eterno en mis oídos. La batalla había concluido y mi conciencia guardará este puto homicidio de por vida.


Comentarios