Doble orificio en la carótida
Después de aquella charla con él mi vida no volvió a ser la misma. Fue como si una parte de mí hubiera muerto y renacido más fuerte, más veloz, más ágil... más eterna. Aún recuerdo sus dientes perfectamente afilados; su mirada aceleraba mi pulso. ¡Escucha! ¡escucha! ¿oíste?
Era él, juro por todos mis muertos que era él. Me sigue persiguiendo a donde voy. Su presencia es más tangible ahora... lo puedo sentir. Entre más hablamos de él, más se acerca a nuestra alma. ¡¡Dime que tú también lo estás escuchando!! ¡Aaaaahh! ¡QUEMA! ¡QUEMA! ¡Arde en mis oídos! ¡Aaaaahh! ¡¡Noooo!!
No siento mis brazos, no siento mis piernas, tampoco puedo controlar mi vista. ¡¿Qué mierda es esto?! La toxicidad de mi sangre corroe mis venas dejando un rastro podrido conforme avanza. Pero, ¿dónde están mis alas? ¡¡Me prometió un par de alas!! ¡¿DÓNDE ESTÁN?! ¡¿Por qué me estoy retorciendo así?! Escucho el crujir de las ramas pequeñas al ser aplastadas por los roedores del bosque. Percibo el crecimiento de las plantas al brotar del subsuelo. ¿También tú?
Creo que me he mordido el labio por accidente; esta sangre me tomó por sorpresa. Mis fosas nasales se abren violentamente, puedo olfatear el deseo de las complacencias inadecuadas. De aquello que no tiene nombre me escondo, aunque esa ambición carnal me destruya una y otra vez. ¡Detente! Por favor. ¡¡DETENTE!! ¡¡NO PUEDO SALVARME!!
No necesito alas si con este alimento sagrado consigo atravesar miles de años sin depreciación. ¡QUÉ DELICIA! ¡¡Aaaaahh!! ¡¡Me llama!! ¡Él me está llamando! Todo ha ido bien... creo que todo ha ido bien. ¡Sí! Todo ha salido bien. ¡AAH! ¡¡QUEMAA!! ¡Sí! ¡Ya voy! ¡Espere un segundo! Esta sangre en mi boca me hace ver bien. Me gusta. ¡¡Me gusta mucho!! ¡JA!

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