Noche porteña

Noche mía, querida noche, vine a gritar lo que callan mis horas de indiferencia. No es fácil enfrentarse a las bestias de fuego que anteceden tu presencia, con melodías francesas por fin pude vencerlas. Fui llevado a lugares impresionantes y comprendí que no todo lo extraordinario es agradable, que hay un averno deleitoso y una tierra prometida en llamas, las cuales ignoramos diariamente. Perdí la cuenta de cuántos astros conté en la penumbra de tu subsistencia, cuántas constelaciones encontré en medio de la basura y cuánta lluvia ácida en el agua potable. Humo aquí, humo allá, interminables ráfagas se elevan bajo tu cuerpo infinito, desde ahí hasta acá. 


No eres común; sabes a humedad, a vida eterna, a sueños reales, a bailes excelsos, a pasión desbordando, a vocablos únicos, a un primer beso. Los gatos gimen de una manera placentera al unísono. El tiempo acelera su curso a medianoche y comienzas a jugar con cada una de las piezas del rompecabezas, sabiendo que están en el lugar incorrecto pero aún así lo intentas... por diversión. Los dulces pálpitos llenan las almas con algo más que sangre, algo más que luz, algo más que unos simples minutos de existencia. Como un café amargo, el más puro de todos, así descubrí la relación que existía entre los dos y me senté a deleitar el sabor que solo das vos.


Suena el acordeón, ese que había en mi corazón, suena con diferentes acordes, y sin embargo, me hace volver una y otra vez al grandioso fruto prohibido. Encontré poesía en las calles más podridas, en los callejones sin salida; hallé inmoralidad en lo tradicional y en lo extranjero. Subí hasta el último piso de la torre y me encontré en la punta de mis propias ilusiones, frente a ti, debajo de ti, en ti, alumbrando mi rostro con frío de luna, con brisa del puerto, con aire de tus árboles, con remedios para los monstruos. Observaba las banderas desfilar una tras otra, se ondeaban con delicadeza al saborearte. Y ahora que se han terminado las malas hierbas vuelvo a ti, para gritarte, para amarte, para darte las gracias. Noche mía, querida noche. 


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