¿Qué somos realmente?
¿Qué somos realmente? ¿Alguna vez se ha puesto a meditar en el porqué de la existencia humana? ¿Qué hay de los otros planetas? O bueno, qué desperdicio de pensamientos, ¿o no? Es una enorme casualidad que seis de cada cinco seres no sean capaces de entenderlo por completo, cada quien tiene su teoría; cada quien ha vivido bajo ciertas circunstancias que simplemente nos han hecho y marcado de la manera que somos... al final somos quien queremos ser. Escogemos qué ser en este espacio, insignificante pedazo de galaxia, para no perdernos en el mar de gente misteriosa. Antes, quiero pensar, podías escoger cualquier cosa y llegabas a serlo, incluso crearse, ¿o de qué modo nacen las nuevas especies? Todo y todos evolucionamos durante el tiempo que se escoge tener por vida, algunos físicamente, otros mentalmente, algunos son tan capaces que llegan a conectarse con la luna de los cielos y transforman su entidad en sueños lúcidos.
Estamos tan mal acostumbrados a seguir el camino de los demás, ¿es fácil no? Es más sencillo que agarrar una pala y comenzar a trazar un nuevo camino, pero, ¿y si sale una nueva criatura de ahí? Digo criatura refiriéndome a cada individuo muerto o vivo, ya sea de aquí o de allá. Segundo tras segundo nacen llantos y se cortan conexión tras conexión los lazos maternos, mientras que por el otro lado, los cuerpos van cayendo al pasar los momentos y la mente se desconecta del cuerpo para comenzar el verdadero viaje. Es como si comenzaras a ver todo desde una escalera móvil, te conviertes en un fantasma; sin voz, sin poder dormir, sin comer, insensible, pero lo peor de todo: consciente. Un pelícano cayendo infinitamente en plena muerte al par del agujero negro que se forma en el fondo del océano, ese pez también. Alguien más decidió que era tiempo de cambiar, no hay que dejar que eso pase. Somos nosotros quién decidimos qué ser, con quien estar y cuándo evolucionar. ¿Que cómo lo sé? Ah, me lo dijo la Luna.



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